lunes, 21 de octubre de 2013

Neymar 7, no 11

Me prometí escribir algo parecido a lo que vais a leer a continuación hace más de uno año y medio. Acababa de presenciar, a las tantas de la madrugada, el enésimo show de Neymar en Sudamérica. Cogí el móvil, abrí el bloc de notas y escribí, en la sección de hipotéticos o futuribles textos, "Neymar 7, y no 11 (cuando de el salto a Europa)".

¿Porqué el número 7 si él, cuando en España se empezó a hablar de sus regates imposibles, lucía ya el dorsal 11? Sencillo. El Neymar del que yo me enamoré llevaba el 7 en la espalda, lucía la camiseta de Brasil y tenía más acné que pelos en las axilas. Hablo del Sudamericano sub-20 que se jugó en Peru en el 2011. Afortunadamente Gol tv daba la competición entera y yo me acababa de comprar un alargador de unos 20 m para poder ver ese preciado canal directamente desde mi cuarto cada madrugada durante el mes que duró el campeonato de jóvenes promesas del continente sudamericano.

Bastó el primer partido para ver que lo que hacía no era normal. Los gestos, los amagos con la cintura, cómo gambateaba rivales, los cambios de ritmo... Era diferente al resto. En este primer partido metió 4 goles a Paraguay. Le daba igual meterlo de falta directa, de jugada por banda, con la zurda o con la diestra. Era abusivo. Marcaba igualmente con una facilidad asombrosa en ese contexto casi "juvenil". 

      Lo deja claro el comentarista: Neymar 4 - Paraguay 1

Acabó siendo el máximo goleador del torneo con 9 tantos y él, junto a un Lucas Moura fantasioso y un bloque más o menos compensado (los laterales eran Alex Sandro y Danilo, ambos titulares en el actual Oporto, por los cuales siento una devoción especial, y con el dorsal 11 había un tal Oscar atrevidísimo), ganaron cómodamente el trofeo, metiéndole un 6-0 a Uruguay en la final.

Después de vivir esa explosión que suponía Ney, decidí ponerme su nombre en una camiseta de Brasil que me acaban de regalar en Navidad. Tenía una autógrafo de Dani Alves en la camiseta pero yo sólo quería tener a Neymar en la espalda. Así que puse la camiseta de Brasil, con la firma del culé aún en la parte delantera de la camisa, al cubo para limpiar la ropa. Como si de un accidente doméstico de tratara. Se borró la firma de Alves. Y fui a ponerme, excitado y con algún que otro cargo de conciencia por el pobre Dani, "Neymar 7" en mi nueva camiseta favorita.

Messi se recoge los brazos con naturalidad,
Neymar le observa y trata de imitarle, con un gesto algo más forzado.
La imagen representa mucho más de lo que parece a priori,
Leo es la referencia de Ney.

Años más tarde de haber descubierto a Neymar y verlo madurar en la Libertadores, éste aterrizó en Barcelona. Ney ya había decidido, quería jugar en el Camp Nou, junto con Leo, Xavi y Andrés. Fui a la presentación con un par de amigos y fardé con mi camiseta de ése chico desconocido por todos pocos años atrás. El que había irrumpido en mí años atrás y ahora, tenía la preciada oportunidad de verle en directo cada 15 días en el mejor escenario y contexto futbolístico posible. 

Neymar quizá acabe olvidando, con el paso del tiempo, los partidos y las fiestas, ese torneo en Perú. Y es que podía haber sido un torneo cualquiera, pero no lo fue. Se convirtió en el escaparate para que individuos como yo, pudiésemos conocer al prodigioso joven.

La famosa y preciada camiseta

Por eso, si veis a alguien con la camiseta de Neymar con el 7 en espalda, no os asustéis, ni siquiera os molestéis en preguntarle. Será que él también se enamoró del brasileño en Perú 2011, de madrugada, con el dulce café enfriándose en una mano y la otra frotándose los ojos ininterrumpidamente.