Hay una página en blanco en el libro de la Historia de los Mundiales. Una página que quiere ser escrita a la heroica. El mejor jugador de la historia compite contra ella misma para hacer tangible a ojos de todos los terrestres que él también puede hacer que su país se sienta grande de nuevo. Simplemente dibujar una tercera estrellita en su pecho. Una estrella con su firma.
Un Pelé adolescente empezó a escribir este libro cuando a los 17 años ganó su
primer Mundial marcando dos goles en la final. El chaval no se cansaría de escribir
en éste magnífico Libro hasta lograr su tercera Copa del Mundo. Los inventores
de este deporte también escribieron su página hace años pero luego llegaron los
argentinos y lo cambiaron todo.
La primera página que escribieron en Argentina fue en “su”
Mundial. El afiliado al partido comunista
César Luis Menotti dirigía al equipo desde el banquillo y su líder dentro del
campo, el que lucía la 10 como dicen ahí, era Mario Kempes. No fue solamente
el mejor del torneo y el máximo artillero, sino que dejó su sello propio, o su melena, para
que se relacione ese título con su persona para siempre.
El mejor jugador de la historia contra ella misma.
Algo parecido ocurrió ocho años más tarde, simplemente cambiaría el
escenario y los protagonistas de la gesta. México fue el anfitrión y el Estadio
Azteca, con capacidad para 114.600 espectadores, fue el terreno en el que se
decidió la final. Carlos Bilardo fue el técnico que pasó a la historia por
entrenar a esa selección campeona del Mundo. Esta vez el dorsal 10 lo lucía un
tal Diego Armando, reconocido por y para todos como Maradona. Él fue nombrado
el mejor futbolista del campeonato y dejó ahí, para el fin de los tiempos, su
nombre escrito con permanente.
Ahora los argentinos buscan repetir la hazaña. En tierra hostil y en el
momento de la Historia en que hay más selecciones de mayor nivel. Es el Mundial
que junta a más campeones del Mundo y en un contexto donde hay muchísimos
alicientes en cada selección que compite. Los ojos de todo un país miran hacia
una sola dirección. Él es quien debe disfrazarse de Kempes, Maradona o quiénsabequién para, simplemente,
escribir a pinzeladas la hoja vacía que tiene delante suyo y, aunque los
demás no lo puedan ver, lleva escrito su nombre.


