viernes, 29 de noviembre de 2013

Por qué Mkhitaryan debería ganar el Balón de Oro

Estamos convencidos de que a todos os gusta hablar del Balón de Oro, y es que su función no es otra que ésa: crear debates estúpidos para tener de qué hablar en el ascensor, en el bar o incluso con tu suegro, si a éste le gusta el fútbol, fundamental que se cumpla ésto último. Lo curioso es que nadie nos ha dicho si se priman los títulos a nivel de club, las cifras goleadoras personales o el número de veces que un jugador consigue levantar del asiento a un aficionado o hacerle olvidar lo efímera y desigual que es la vida. Seguramente si fuera ésa última Mkhitaryan estaría, como mínimo, entre los nominados.

Pero el Balón de Oro es una invención de la prensa. Básicamente porque el fútbol es de la gente. El fútbol existe por y para la gente. Y lo mejor de todo esto es que Miki -como ya se le conoce en las frías calles de Dortmund- juega para la gente, o mejor dicho, para su padre. 

Cuando apenas tenía siete años de edad, su padre -un prometedor delantero armenio de principios de los 90'- murió a causa de un tumor cerebral después de ser operado en repetidas e insignificantes ocasiones. Los afortunados que han podido ver a los dos Mkhitaryan destacan mayúsculamente el extremo parecido entre los dos en su forma de jugar, dejando a un lado el alto parecido físico.

Una divertida foto de la eliminatoria de Champions League
de la temporada pasada
Mkhitaryan Jr., como le llamamos a partir de ahora aquí, nació prácticamente en los aledaños del estadio oficial de la selección armenia, el Hrazdan Stadium de Yerevan, capital armenia, el cuál ha visto goles del padre y del hijo. Algunos más de éste último ya que se ha convertido en el máximo goleador histórico de la selección armenia de fútbol, con 12 dianas. Insuficiente para meter a Armenia en Brasil 2014, pese a que Henrikh ya hable portugués, entre otras cuatro lenguas -armenio, inglés, ruso y francés, mientras está estudiando alemán poco a poco-.

La carrera de Heno -y no nos referimos a és temido sprint que deja defensores tirados en el césped cual universitarios campaneros despreocupados se tratara- ha sido siempre alucinante. Tampoco nos referimos a la carrera de empresariales, de la cual se acaba de graduar y ahora empezará a estudiar derecho. Tomen nota amigos. Sí, me incluyo

Con apenas 21 años ya se armó con el brazalete de capitán en el Metalurh Donetsk, y tras dos temporadas ahí, llegó el club grande de Donetsk -con el que hay una cierta rivalidad- con apenas 5 millones de € sobre la mesa para llevárselo. En una de las operaciones más inteligentes que se le recuerda al Shakhtar ya que lo vendería a Dortmund por 30. 

En el Donbass Arena Mkhitaryan ya hacía lo que quería. La primera temporada fue más difícil pero las dos restantes fueron de ensueño para el pequeño Miki. Mkhitaryan hacía feliz a la gente de Donestk, y él estaba convencido de que su padre le veía y estaba orgulloso de él. En el mismo Donbass, estadio del Shakhtar, nació una iniciativa divertida acerca de poner una canción típica del país del jugador que marca en la megafonía del estadio. Mkhitaryan marcó 29 goles la última temporada -no todos en casa, claro- . La canción seleccionada para él fue Sabre Dance del compositor de origen armenio Aram Khachaturia, la podéis escuchar aquí y, también desde aquí, no es difícil imaginarse a 50.000 personas enloquecidas con esta pegadiza melodía. 


La huella que dejó en Donetsk es ya imborrable. Como se antoja que será la que está dejando en Dortmund para la posteridad. Siendo el traspaso más caro de la historia borussen, ésta etiqueta no le pesa ni le carga, en Alemania practica el fútbol que más le gusta: verticalmente al contraataque. De hecho ésa es la idea de Klopp en la presente temporada y cuando vuelva Gündogan las jugadas de este tipo aumentarán peligrosamente para los rivales. 

Quizá nos hemos desplazando bastante del tema inicial. Quizá éste humilde escrito te ha quitado más tiempo del que creías. Pero seguro que ha sido un tiempo productivo, útil para recordar que el fútbol se debe a las personas. Algo que muchos han olvidado, excepto Mkhitaryan y el recuerdo de su padre.

lunes, 21 de octubre de 2013

Neymar 7, no 11

Me prometí escribir algo parecido a lo que vais a leer a continuación hace más de uno año y medio. Acababa de presenciar, a las tantas de la madrugada, el enésimo show de Neymar en Sudamérica. Cogí el móvil, abrí el bloc de notas y escribí, en la sección de hipotéticos o futuribles textos, "Neymar 7, y no 11 (cuando de el salto a Europa)".

¿Porqué el número 7 si él, cuando en España se empezó a hablar de sus regates imposibles, lucía ya el dorsal 11? Sencillo. El Neymar del que yo me enamoré llevaba el 7 en la espalda, lucía la camiseta de Brasil y tenía más acné que pelos en las axilas. Hablo del Sudamericano sub-20 que se jugó en Peru en el 2011. Afortunadamente Gol tv daba la competición entera y yo me acababa de comprar un alargador de unos 20 m para poder ver ese preciado canal directamente desde mi cuarto cada madrugada durante el mes que duró el campeonato de jóvenes promesas del continente sudamericano.

Bastó el primer partido para ver que lo que hacía no era normal. Los gestos, los amagos con la cintura, cómo gambateaba rivales, los cambios de ritmo... Era diferente al resto. En este primer partido metió 4 goles a Paraguay. Le daba igual meterlo de falta directa, de jugada por banda, con la zurda o con la diestra. Era abusivo. Marcaba igualmente con una facilidad asombrosa en ese contexto casi "juvenil". 

      Lo deja claro el comentarista: Neymar 4 - Paraguay 1

Acabó siendo el máximo goleador del torneo con 9 tantos y él, junto a un Lucas Moura fantasioso y un bloque más o menos compensado (los laterales eran Alex Sandro y Danilo, ambos titulares en el actual Oporto, por los cuales siento una devoción especial, y con el dorsal 11 había un tal Oscar atrevidísimo), ganaron cómodamente el trofeo, metiéndole un 6-0 a Uruguay en la final.

Después de vivir esa explosión que suponía Ney, decidí ponerme su nombre en una camiseta de Brasil que me acaban de regalar en Navidad. Tenía una autógrafo de Dani Alves en la camiseta pero yo sólo quería tener a Neymar en la espalda. Así que puse la camiseta de Brasil, con la firma del culé aún en la parte delantera de la camisa, al cubo para limpiar la ropa. Como si de un accidente doméstico de tratara. Se borró la firma de Alves. Y fui a ponerme, excitado y con algún que otro cargo de conciencia por el pobre Dani, "Neymar 7" en mi nueva camiseta favorita.

Messi se recoge los brazos con naturalidad,
Neymar le observa y trata de imitarle, con un gesto algo más forzado.
La imagen representa mucho más de lo que parece a priori,
Leo es la referencia de Ney.

Años más tarde de haber descubierto a Neymar y verlo madurar en la Libertadores, éste aterrizó en Barcelona. Ney ya había decidido, quería jugar en el Camp Nou, junto con Leo, Xavi y Andrés. Fui a la presentación con un par de amigos y fardé con mi camiseta de ése chico desconocido por todos pocos años atrás. El que había irrumpido en mí años atrás y ahora, tenía la preciada oportunidad de verle en directo cada 15 días en el mejor escenario y contexto futbolístico posible. 

Neymar quizá acabe olvidando, con el paso del tiempo, los partidos y las fiestas, ese torneo en Perú. Y es que podía haber sido un torneo cualquiera, pero no lo fue. Se convirtió en el escaparate para que individuos como yo, pudiésemos conocer al prodigioso joven.

La famosa y preciada camiseta

Por eso, si veis a alguien con la camiseta de Neymar con el 7 en espalda, no os asustéis, ni siquiera os molestéis en preguntarle. Será que él también se enamoró del brasileño en Perú 2011, de madrugada, con el dulce café enfriándose en una mano y la otra frotándose los ojos ininterrumpidamente.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Es Sevilla

Recuerdo Sevilla con un cariño y una nostalgia, pese a que viajé hace unos dos meses, que seguramente condicione este texto. Quizá los que aún no habéis tenido la grata fortuna -si es que se puede hablar de suerte en un mundo paradójicamente conectado- de viajar a Andalucía no me comprendáis. 

Sevilla es la gente. Ya sean los que debaten sobre el Betis en cualquier terraza que encontrarás cada 50 metros, o los que vuelven del trabajo en traje mientras golpean 37 grados de calor. Y decimos Betis y no Sevilla porque la Sevilla que yo conocí era bética. No llegue a conocer a nadie del Sevilla. Absolutamente todos con los que hablé, desde los jefes de los bares cerca de Triana hasta un bar que se anunciaba como "el bar con la caña más barata de España", y valía 40 céntimos, al lado del Sánchez Pizjuán, defendían sus colores con pasión.

El Puente de Triana una noche cualquiera de verano,
pero no una más.

Sevilla es el Gualaquivir. El río determina la ciudad, le da ese romanticismo que los bares, pese a sus amables precios rebajados, no pueden dar. Imagino que con la mayoría de ciudades con ríos ocurre algo parecido pero yo ya no puedo imaginar la ciudad sin él. Y es que el agua nos da vida. A las personas, los animales, las plantas y las ciudades.

Sí, Sevilla es también la Giralda. Esa a la que te vas acercando de espaldas al río, cruzando callejuelas muy estrechas - de las que te enamoras con facilidad- hasta llegar a la catedral. Las gitanas intentarán leerte la mano y ya te aviso que te pedirán unos cinco euros por recitarte un hipotético, pero curiosamente satisfactorio, futuro de tu vida. Yo le di uno y no aceptó un cigarrillo porque era de liar. 

La Giralda. Aunque es imposible abarcarla entera
en una sola fotografia

La noche andaluza es mágica. En las paraditas que habían montado, a causa de la feria del barrio de Triana, pude charlar con un sureño que servía cubatas, con todo el arte del mundo, detrás de la barra de la parada del Triana C.F. Posiblemente el equipo más romántico de la ciudad, que juega cada domingo en segunda regional pero, según me dijo el hombre, habían ascendido dos categorías consecutivas. 

Los incontables parques reales que amenizan las tardes con bancos en la sombra -fundamentales en verano para paliar el calor- mientras pasean unos imponentes caballos negros manejados por un tipo con sombrero blanco. El calor, ese del que te ya advierten a priori que te va a tostar, ahogar, incluso fatigar a niveles inesperados, pero que acabas extrañando. Porque Sevilla no sería ella sin abanicos ni gafas de sol que tratan de esconder que ayer no dormiste demasiado, y la feria tiene que ver con ello. 

Hasta pronto, Sevilla.

Cuando esperábamos el avión que nos devolvería a casa tuve bien claro que iba a volver. Sevilla es un hechizo al que le recomiendo atraparse a cualquiera, aunque yo lo hice con la persona más especial que he tenido la suerte (¡¿qué coño suerte?!) de conocer en mis dieciocho años de vida. Y eso sí que condicionó en la medida de todas las cosas -grandes y pequeñas, ignotas y apodícticas- que han ocurrido desde entonces. Porque ella ya forma parte de Sevilla. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

En la mente de Moyes

En la escéptica mente de David Moyes circulan muchas preguntas a gran velocidad -mayor que la del juego del Manchester United estos días- mientras sus respuestas hacen estragos -cual pase al espacio errado de Ashley Young-. No es fácil sustituir a un hombre que lo ha sido todo para alguien, joder -piensa cuando se harta de leer críticas en los periódicos británicos hacia su persona un rutinario lunes por la mañana cuando aún no ha hincado un solo mordisco al sandwich de pavo que le recuerda, nostálgicamente, a los de su madre en su infancia en Escocia. Aunque en Manchester están malísimos- piensa el glasweigan.

Él también es escocés, joder- le dice su patriotismo inculcado desde pequeño. Pero la responsabilidad le evita argumentarse de tal forma mientras quiere tomar el mando de la complicada situación. 

Quizá necesitábamos algo más que Fellaini, quizá Fellaini no debe jugar tan atrás, quizá los jugadores echen de menos a Ferguson- se cuestiona justo antes de entrar al campo de entrenamiento a medida que va viendo llegar a sus hombres, y uno de ellos se le acerca. Y tiene el pelo afro.

David Moyes fichó a Fellaini del Standard Liège
cuando apenas tenía 20 años
He leído la prensa hoy- le comenta el belga de origen marroquí con claros esbozos de lamento en su rostro. No hagas caso, esto recién ha empezado. Tú siempre confiaste en mí y yo te lo devolveré- dice Marouane intentando que esos pobres reflejos faciales no se contagiaran con el resto. 

Y sólo después de oírle; sus ideas, sus jugadores, las cosas más diminutas de la vida, incluso los sandwiches de pavo de Manchester, parecen haber dejado el turbio tono oscuro con el lo veía antes, para dar paso al nítido, incierto, pero excitante, futuro de nuestras vidas.

jueves, 22 de agosto de 2013

Mi fin de semana en Wembley

Ésta es la entrada más atemporal que recuerdo que escribo. Podría haberlo escrito hace meses, pero quise narrarlo en frío. Con el miedo de olvidar algún detalle me dispongo a explicar lo que fue mi fin de semana en Wembley, el primero que pasé en Londres, el que se jugó la final de la Champions y en el que cumplí la mayoría de edad.

Aterrizamos en el Aeropuerto de Stansted y la marea alemana ya invadía la ciudad. Una voluptuosa alemana, vestida con el clásico vestido germano, regalaba unos pins en los que se podía leer "Fussball kommt nach Hause" o lo que es lo mismo "el fútbol vuelve a casa". Cogí dos y a la chica no le pareció mal. 
Cuando llegamos a la calle levanté rápidamente el cuello, quería palpar ya el famoso British weather, tan temido como esperado en mi caso. Pero hacía sol. De hecho hizo sol todo el fin de semana, fue un finde atípico donde había más alemanes que ingleses y hacía sol. 

Cruzando el Támesis por la mañana entre
el Big Ben y el London Eye.
Al llegar al centro de la City nos dimos cuenta de lo que ya era una obviedad, había muchos más amarillos y negros que rojos y blancos. Visitamos todo lo que visitan los turistas, pero después de comer en un confortable restaurante italiano llamado "Il Calcio", cogimos el metro y nos fuimos a la parada más esperada, Wembley Park. 

Faltaban unas horas para el partido, quizá cuatro o cinco, tampoco íbamos a entrar al estadio, era una visita. Dejamos la estación y un cartel que decía "Road to Wembley" daba la bienvenida. El mismo cartel que veía en cada partido de Champions en el Camp Nou y solo esperaba que no fuera la última vez que lo leía. 

Los cánticos bávaros y borussens se mezclaban, con aire de fair-play, a medida que nos acercábamos al estadio, al imponente arco que ya se veía al dejar el tube. 

Compramos una bufanda de la final y una gorra del Borussia, solo había que sumar eso a mi camiseta de Kagawa, para que mi uniforme fuera como para confundir incluso mi nacionalidad. Subimos unas escaleras a las que se tiene acceso sin entrada, y desde arriba contemplamos como se iban acercando los aficionados de sendas escuadras. 

Así me paseaba por las afueras de Wembley.
De repente me vi perdido. Pero eso no era tan malo, con mi gorra, la bufanda y la camiseta, me dispuse a conversar con la gente. Primero fue una japonesa que se me acercó para hablarme de Kagawa, imagino que su fanatismo por el Dortmund nació a raíz del jugador nipón, que ya no estaba ahí. 


Luego charlé con un amigo que lucía la camiseta de Atletico Mineiro, le dije que trasnochaba cada miércoles para ver jugar a Ronaldinho o Bernard, él me dijo que Bernard estaba realmente cerca de fichar por el Dortmund, en ese momento lo estaba. Aunque acabó yéndose a Donetsk. Cuando Mineiro ganó la Copa me alegré por él, por Ronnie y por él.

Fotografié hasta el último detalle del que estaba siendo el campo más increíble que jamás había o he visto. Y no solo lo capté con el móvil, también con cada uno de los sentidos que se encontraban en pura efervescencia.

El doce de gala de Jürgen Klopp.
Faltaba menos para el partido, no teníamos entrada, había que ir a un bar a verlo. Volvimos a la ciudad y fuimos preguntando hasta encontrar un restaurante de estilo americano en el Soho. Yo era el único con colores en ese local. Los demás eran londinenses, los alemanes a aquella hora estaban todos en Wembley. De hecho, creo que era el único individuo de la ciudad con camiseta del Dortmund que no estaba en el estadio. 

Eso obligó a que la mayoría de personas del bar fueran con el Dortmund por simple compasión hacia mi persona. El partido fue una obra de arte, nada que no sepan. Pero al meter Robben el gol de la victoria sentí muchas cosas. Era rabia pero asumida, el Bayern no podía perder otra final de Champions, hubiera sido muy cruel. El triunfo del Dortmund se lo encontré en todo lo que ya había hecho y demostrado, y no me refiero a los resultados únicamente. 

Al acabar el partido se me fueron acercando personas y me repetían algo parecido a "Next year, next year". Yo sonreía y les agradecía el gesto aunque dudaba que el Dortmund se metiera en otra final. Ahora no lo dudo tanto.

Dimos una vuelta por la ciudad, ya oscura, y me di cuenta que los alemanes seguían en Wembley, sobre todo porque cada 100 metros alguien me preguntaba por el resultado del partido. Yo lo explicaba sin problemas, hasta que llegó la cuarta o quinta vez y, ya harto, le pregunté al tipo si en Londres la gente no veía el fútbol. Él se rió y me dijo que a él sí que le gustaba pero su equipo era Cruzeiro y no jugaba, lógicamente. 

Me explicó la historia resumida de Cruzeiro y sobre su rivalidad con Atl. Mineiro, me acordé del amigo que hice en Wembley por la tarde. Acabamos de charlar, estábamos en el Piccadilly Circus rodeados de aficionados del Bayern y del Dortmund, ya habían vuelto del estadio. Cantaban bajo el efecto del alcohol, pero había buen rollo. Alguno del Dortmund que no había asimilado la derrota parecía que buscaba problemas pero no fue a nada. Al día siguiente vi imágenes de peleas entre ambas aficiones en la televisión, en parte era comprensible, todo el día bebiendo cerveza y luego tu equipo pierde la final. 

Piccadilly Circus por la noche, aún habían fuerzas
para beber más cerveza

Al llegar al hotel y conectarme al wi-fi, empecé a recibir Whatsapps de amigos y familiares que me felicitaban. Yo miré el reloj y aún eran las once de la noche, aún era sábado 25. Eso al menos en las Islas, en la Península yo ya era mayor de edad. 

Aprendí mucho en esos dos días, pero sobre todo sentí que se cerraba un círculo. Un circulo que había empezado a trazar cuando empecé a seguir al Dortmund hace más de dos años sin saber exactamente por qué, y lo cerré al verme camuflado entre su afición en las puertas de Wembley en un partido que ya ha quedado para la historia del fútbol.

Para comprender de qué se trata exactamente mi afección hacia el club de Westfalia, es recomendable leer esta antigua entrada en el blog: La consolidación de una loca idea 

viernes, 9 de agosto de 2013

Dos nuevos amigos para derrotar al de siempre

Hoy comienza una Bundesliga más mediática de lo normal. Después de que las dos mejores escuadras germanas de la última década nos ofrecieran un auténtico recital de fútbol en Wembley, ambos se han reforzado, y prometen un campeonato brillante, pero algo polarizado.

Asusta un poco imaginarse la Bundesliga de aquí cinco años, con un Bayern hegemónico ya, un Dortmund criando a jóvenes y viendo como se marchan a Baviera, cuál Mario Götze, y 16 equipos restantes luchando por el resto de cupos. 

A priori, al marcharse Götze, la gente puede pensar por inercia que el equipo irá a menos, que las enseñanzas de Klopp están llegando a su fin. Pero el Dortmund se ha reforzado. El "amigo armenio", lesionado desafortunadamente al fichar, ya se perdió la Supercopa, pero se le espera con muchas ganas. Le veo similitudes con Lewan, pero se pueden acoplar bien: ambos controlan el juego aéreo, sobre todo de espaldas, gran golpeo de balón y tácticamente son muy inteligentes ambos. Creo que el polaco es algo más rápido. Veremos.

Una pequeña carta de presentación de "Heno", en 
su partido ante su actual equipo, la pasada campaña en Champions.

Hay otro amigo, "el gabonés", el mismo que nos obligó a aprendernos su nombre el año pasado con el histórico Saint Ettienne. Él es rápido y ágil, le gusta regatear, darla e irse. Si Klopp le enseña un par de cositas puede resultar indomable para las defensas rivales. Pierre-Emerick ya asistió a Reus en el último gol de la Supercopa. Y qué Supercopa, joder. La misma que me levantó más veces del sofá que la cistitis, la que me dijo -susurrante al oído- "somos los mismos, no nos hemos ido a ninguna parte". Son los mismos y mejores, de eso no tengo ninguna duda, ya que al acabar la final, y en medio de la vorágine borussen, en el colofón de la victoria de Kloppo ante Pep, aposté 10 euros a que ganaban la Champions. La cuota motivaba, a 21 euros se pagaba. Si ellos me corresponden con la victoria, me he prometido un viaje a Dortmund con el dinero de la apuesta, aunque es soñar demasiado quizá.

Esta es la fórmula de Jürgen para luchar la liga, el equipo ha ido adquiriendo experiencia progresivamente, el buen fútbol nunca le ha soltado la mano y los refuerzos solo pueden sumar. El único inconveniente de este magnífico plan se llama Bayern Munich, y no es otro que el mejor equipo del mundo a día de hoy.
Los esquemas de Guardiola pelearán con los de Klopp,
en una lucha que se prevé antológica.

La regularidad de este Bayern en liga es casi dogmática, con un equipo ya rodado y un fondo de armario más largo que el de Cristiano Ronaldo, solo la mismísima excelencia podría arrebatarles el título. 

Gane quién gane. Pierda quién pierda. Nos lo pasaremos bien.

sábado, 6 de julio de 2013

Una historia de (des)amor II

Parece que la historia va llegando a su fin, o eso creen los más positivos, algunos ya la dan por terminada. El chico, pese a su amor real por la chica, no para de hacerle ojitos a otras. Eso no sienta nada bien a la chica, y con lo largo -pero a su vez efímero- que es el verano, nadie duda que en alguna noche clara cesará el amor y todos los recuerdos que juntos ya han dejado para la historia. Y ahora te das cuenta que solo es eso, historia.

Ahí comprendes las vueltas que da la vida en cuestión de segundos, y lo ves todo negro. Negro para comer, incluso para escribir. Las cosas dejan de tener sentido porque el sentido a las cosas se lo daba ella. El chico, que antes creía que había acertado con su decisión, ahora se pregunta, como si de un soliloquio se tratara, -porque no tiene a nadie más que su propia soledad- cómo fuí tan esúpido. 

Os avisé que esta historia lo tenía todo. Lo que no os dije es que el protagonista de esta historia, también soy yo.

viernes, 14 de junio de 2013

Una historia de (des)amor I

Esta es una historia que lo tiene todo. Un chico, atlético, joven y valiente. Una chica, preciosa y soñadora. Y un malo, con mucho dinero y más maldad aún.

El chico conoce a la chica, y, joder, se entienden. Pasa un año y deciden iniciar la relación con más formalidad, los dos están expectantes ante lo que sueñan con hacer juntos. Y lo hacen.

Recorren Europa cogidos de la mano. La chica creía, antes de conocer al mozo, que no volvería a vivir lo que, años y años atrás, vivió con otro hombre. Ese hombre, "el viejo", que cambió su vida y su historia y se largó. Algunos años oye por la radio, casi sin querer, que el antiguo chico quiere volver a por ella, pero suele acabar en nada.

El chico, haciendo soñar a la chica en Europa.

La huella que dejó el viejo es ya imborrable para la mujer, pero ésta aún sueña con que el chico joven profundice una huella más intensa y emotiva que la del viejo. Y parecía imposible.

Y justo en ese momento de la historia y de la vida en que parece que todo va bien y solo puede ir a mejor, aparece el malo. Un tío chulo, vacilón y burlesco que quiere separar al chico y la chica para siempre. Como no, a base de dinero.

Esta historia no conoce aún un final, porque está por escribir. Solo sabemos que el final lo decidirá el chico y  según su decisión sabremos si ese amor por la chica es tan real como para superar al del viejo. O acaba siendo uno más que hizo bailar a la chica más bella del local para largarse de la forma más cruel.

Los protagonistas de esta historia los podríais haber vaticinado ya. El chico es Edinson Cavani. La chica se hace llamar Nápoles. Y sí, el malo es Román Abramóvich y les quiere separar. Y por si no habéis desenmascarado "al viejo", le llaman Diego y solía llevar el 10 en la espalda. 

miércoles, 24 de abril de 2013

Borussia Dortmund: La consolidación de una loca idea

Escribo esto media hora después de que el Borussia Dortmund le haya dado un recital de fútbol al Real Madrid en unas semifinales de la Champions League. No voy a escribir desde la imparcialidad, básicamente porque no puedo. Mi sentimiento con este club alemán ha ido in crescendo progresivamente en los últimos años, a medida que el proyecto de Klopp iba cuajando más y más.

Aún me recuerdo en clase de informática, ya hará dos años, consultando los últimos resultados del Dortmund en Europa League. El equipo había quedado quinto la temporada anterior en Bundesliga, la Bundesliga 2009/10, con un Mesut Özil como máximo asistente de la competición -que con Marko Marin formaban una pareja deliciosa en tres cuartos de campo del Bremen-. En esa misma Bundesliga asomaba la cabeza, ya con clase, un jovencísimo Toni Kroos, cedido en el Leverkusen. 

La temporada siguiente, el Dortmund fue campeón de liga, pasando por encima de todos los equipos que se ponían por delante. Aquella temporada ganaron 1-3 en el Allianz, en el partido que mató a los bávaros -que acabaron terceros esa temporada- con un Nuri Sahin imenso.

Con Reus caído en una banda y Mario con más
profundidad por el centro, Klopp  ha mejorado el ataque borussen.

Habían llegado nuevas caras, Shinji Kagawa se atrevió a ir a una desconocida ciudad industrial alemana, el Dortmund lo fichó por 350.000€. El japonés me enamoró desde el primer día, además coincidió con la Copa Asiática de 2011, que ganó Japón en Catar. Kagawa no pudo jugar la final contra Australia por lesión, pero yo celebré el título nipón por él, y por un Keisuke Honda que acabó siendo nombrado mejor del torneo.

Tal era mi fanatismo por el Borussia que decidí ir a comprar su camiseta. El dilema inevitable hasta llegar a la tienda era el jugador. Estaba entre Sahin y Kagawa, curiosamente los dos que se fueron, pero es que Götze ahí era solo un niño con el 31 en la espalda, Lewandowski -que hoy le ha metido 4 goles al Real Madrid- aguardaba en la sombra de un goleador Lucas Barrios. Me decanté por la de Kagawa "23", esa camiseta que ya tengo lista para vestir mañana con orgullo. Es el orgullo del equipo pequeño, un equipo, que gracias a un hombre con un proyecto entre ceja y ceja, hoy ya es respetado en todo el mundo o va a empezar a serlo. 

Amigos, ese Dortmund que hace cuatro días caía en fase de grupos de la Europa League con el Sevilla, sin que nadie supiera de su existencia ni de su excitante fútbol. Ese equipo que tenía que ganar en el Pizjúan y no lo hizo, estaba formado por jugadores como: Weidenfeller, Piszczec, Subotic, Hummels, Schmelzer, Sahin, Bender, Götze, Kagawa, Barrios, Blaszczykowski, Lewandowski. Ya era un 4-2-3-1, Kloppo siempre lo tuvo claro. De los 14 jugadores que jugaron esa fría noche de diciembre del 2010, hoy muchos de ellos han dado una exhibición al mejor equipo del siglo XX, al club más laureado, no solo en esa competición sino en la historia. De 14, 10 han jugado hoy contra el Real Madrid. Para que os hagáis una idea que el equipo está cimentado en los mismos pilares. Ahora Lewandowski marca mucho más, está Reus, más determinante que Kagawa, y qué decir de la progresión de los amigos Hummels-Subotic o de Götze. 

El excéntrico entrenador criado en Mainz no deja de sorprendernos.

Hoy no solo ha ganado un equipo superior, hoy se consolida un proyecto iniciado hace años por un hombre loco, que un buen día decidió cambiar la historia de un precioso equipo de fútbol.

lunes, 1 de abril de 2013

Entrevista a Axel Torres


     Axel Torres, periodista de referencia en el país, propulsor del fanatismo hacia el fútbol internacional. Con 30 años acabados de cumplir y su primer libro recién publicado, nos contesta a una serie de preguntas, pero ninguna de ellas hace referencia al fútbol, que es su vida. Este es el lado más humano del periodista de Sabadell.
       En tu bio de Twitter comentas que tus dos ciudades favoritas son Londres y Berlín, incluso dices que te gustaría vivir en alguna de las dos. Estoy a punto de visitar Berlín como viaje de fin de curso y en verano visitaré, también por primera vez, Londres. ¿Qué consejo o instrucción me podrías dar antes de visitar tus dos ciudades TOP?

Creo que lo que las hace especiales es que su idiosincrasia se capta en cualquier rincón. Londres no es el Big Ben ni Berlín es la puerta de Brandenburgo. Berlín es cualquier calle de Friedrichshain, cualquier estación de U-Bahn que conserve la estética antigua, cualquier kebab de Kreuzberg, cualquier café de Prenzlauerberg. Londres más o menos lo mismo, aunque la tengo menos controlada. Son ciudades de las que nunca te cansarías. No creo que se puedan dar consejos en este sentido porque todos somos distintos, pero te diría que fueras observador, receptivo, que te dejaras encandilar por los pequeños detalles.
   
  Un poco relacionada con la pregunta anterior. Un día colgaste una foto en Twitter de una tienda de camisetas de fútbol de segunda mano en Berlín. ¿Recuerdas la dirección o alguna indicación para que la pueda ver?

No era una tienda especial. Era una tienda como muchas hay en Berlín. Una tienda de ropa de segunda mano en la que casualmente había algunas camisetas de fútbol. Estaba en Friedrichshain, cerca de Samariterstrasse.

Tengo entendido que estás escribiendo un libro. No te pido que me anticipes nada en especial, simplemente saber cómo lo llevas y cuándo lo podríamos tener en venta. Yo lo ansío.
Sale el 11 de marzo. Es un libro muy “MI”, muy en la línea de lo que escribo habitualmente en Panenka. No es un libro demasiado periodístico. Estoy satisfecho porque me han animado a escribir de la manera que más me gusta. Querían mi “yo” más auténtico.
      En MI las canciones que dan paso a las secciones son casi mi momento favorito (solo por detrás del “Jijijaja”). ¿Es esa la música que escuchas en tus ratos libres? Antonia Font, etc
Muchas canciones las elige Blai Iniesta, que es el técnico de sonido y le gusta mucho la música. Antònia Font es mi grupo favorito en catalán, sí, y Los Planetas lo es en castellano. Pero hay otros grupos que me gustan mucho y no dan paso a ninguna sección, como Love of Lesbian o La habitación roja. Es curioso, porque este tipo de música me gusta escucharla cuando voy en metro o por la calle. Si estoy en casa me pongo cosas un poquito más abstractas, más relajantes, como Radiohead, Sigur Ros, Mum, Russian Red...
     Te consideras también, a través de Twitter, un fan de la literatura. Te pido un TOP3 de autores y libros favoritos.
Bueno, me gustaría leer mucho más de lo que leo. Creo que mis dos libros favoritos son de Terenci Moix: “El dia que va morir Marilyn” y “Lleonard o el sexe dels àngels”. A Murakami lo he leído bastante, pero realmente el único libro suyo que me ha cautivado por completo ha sido “Tokyo Blues”. Me encantó “La pell freda” de Sánchez Piñol. Houellebecq me atrae peligrosamente: “Las partículas elementales” me pareció una obra maestra y “Ampliación del campo de batalla” me hizo sufrir. “El retrato de Dorian Gray” de Wilde me parece el producto de una mente privilegiadísima. Y me gustó “Nocilla Dream” de Fernández Mallo: me pareció muy “pop”, muy “on the road”, muy de este tiempo.
     ¿Cuántos idiomas hablas o mínimamente te defiendes actualmente? ¿Hay alguno que estés aprendiendo ahora o tengas pensado aprender?
A parte de catalán y castellano, puedo mantener conversaciones en inglés y en francés. Leo italiano y portugués bien, pero no los he estudiado. Estoy estudiando alemán ahora. Me gustaría mucho aprender alguna lengua eslava en el futuro.
        La pregunta de sociedad es obligada. ¿Cuál es tu opinión al respecto de TODO lo que está ocurriendo en el país en estos tiempos que nos toca vivir? ¿Ves una solución? No me refiero únicamente a la crisis económica, sino a todo lo que las rodea, ya sean las multitudinarias manifestaciones que se convocan cada semana en las principales ciudades en contra del actual gobierno, el tema de los desahucios, etc.
Vivo bastante al margen de la realidad, en la burbuja de mi trabajo y mis obsesiones. No es que no me importe lo que ocurre en el mundo, pero está claro que las cosas te ocupan mucho más si te afectan a ti. Probablemente sea una postura egoísta, pero son muy pocos los seres cuyas opiniones o actos no estén influenciadas por sus experiencias. Intento ayudar en lo que puedo a la gente que tengo cerca y a la que aprecio, pero no sigo demasiado de cerca la actualidad. Cuando estudiaba periodismo veía siempre las noticias y leía los periódicos de información general. Luego perdí la fe en la humanidad en general y llegué a la conclusión que la concordia era imposible. El ser humano es individualista por naturaleza y su “ego” domina sus sentimientos y sus actuaciones. Ese “ego” está presente en todo: incluso cuando entregamos amor probablemente lo hacemos por lo bien que nos hace sentir que nos lo devuelvan. El “ego” es también el miedo a morir, algo inasumible para un ser vivo. Llegó un día en el que me alejé de la actualidad y me centré en las cosas que me atraían lo suficiente como para distraer mi mente y no dejarla pensar en el desastre que es todo. Solo tienes que entrar en Twitter para darte cuenta de que la humanidad es imposible. Reproches, envidias, faltas de respeto, críticas, burlas. A mí el mundo en general me da mucho miedo y procuro alejarme de él todo lo que puedo.
     ¿Cuál es el monumento arquitectónico que consideres más bello y que hayas tenido el placer de ver? (Obviamente los estadios de fútbol no me valen)
Historia del arte era la asignatura que menos me interesaba en bachillerato y la arquitectura es el arte que menos sé apreciar. ¿La torre de comunicaciones de Alexanderplatz vale como respuesta? La amo.
La torre de televisión Alexanderplatz o Fernsehturm de Berlín.  Desde arriba se ve la división de
Berlín: al este la zona antiguamente soviética, y el oeste era americano, francés y británico.
      Soy conocedor de tu fanatismo al cine independiente. ¿Qué cultura cinematográfica de nivel crees que está aún por conocerse?
Bueno, no elijo una película por su nacionalidad o por la cultura de la que viene, aunque sí repito con los directores que me han cautivado. En general me gustan las películas que muestran la cotidianeidad de lugares alejados del mío, o aquellas que te provocan placer sensitivo por lo maravilloso de su guión, de su banda sonora, de su fotografía, de su montaje...
 Sin cuál de las dos no podrías vivir: ¿TV o radio?
Sin la radio. Yo soy un hombre de radio.
  ¿Crees que el periodismo dejó de ser fiable cuando se convirtió en un negocio?
Yo es que amo el periodismo tanto que no puedo verlo como algo negativo. Pero está claro que lo problemático del periodismo es que para subsistir necesita ser rentable. Es decir: las empresas comunicativas prefieren productos que mucha gente esté dispuesta a consumir antes que productos extraordinariamente buenos pero que no interesen a una mayoría. Es una pena, porque dejan de contarse muchas historias que probablemente alegrarían la tarde a unos cuantos lectores que están hartos del ruido de siempre. He llegado a la conclusión que el único camino es afrontar el periodismo desde una doble vertiente: la profesional y la vocacional. Para ganar dinero, hablo en los medios de lo que los medios quieren que hable, y lo hago con la máxima profesionalidad posible, tomándomelo muy en serio e intentando amarlo todo lo que puedo. Luego gasto mi dinero en producir lo que de verdad me interesa: en viajes a lugares lejanos que me proporcionen material para escribir o para contar algún día unas cuantas anécdotas en la radio.
    Imagino que habrás viajado mucho, siempre relacionando los viajes con el fútbol, pero qué viaje me recomendarías? Me refiero a ciudades que consideres que hay que visitar antes de morir.
Las mejores son las que descubres por ti mismo sin sospecharlo. A mí me gustaría ir a todas partes, pero me moriré antes de conseguirlo.
      Acaba la frase según veas: “La vida es…”
La vida es bastante compleja. No la entiendo demasiado bien. Nadie me preguntó si quería vivirla y ahora sufro porque un día va a terminar. La vida es un desequilibrio doloroso en las relaciones humanas: es muy difícil que tú quieras a alguien con la misma intensidad con la que te quiere esa otra persona. Pero ante todo, la vida es una oportunidad para aprender y para crear. Las cosas que más placer me proporcionan son el aprendizaje, el descubrir cosas nuevas, el crear productos comunicativos que me llenen y me acerquen a la autorrealización. Tengo casi treinta años y no tengo nada claro cómo hay que vivir. Y no creo que nunca lo tenga claro

martes, 19 de febrero de 2013

Por nuestros nietos

¿A alguien se le ocurre un contexto social peor que el que estamos viviendo en estos momentos? Seguramente los únicos que niegan esta precaria situación son los militantes del PP, así que si hay alguno leyendo esto, le invito cordialmente a que abandone mi blog,y ya puestos el país también, antes que lo haga yo.
Mientras todo lo que tenemos alrededor se derrumba y la crisis va a más (ya no solo la económica, sino la financiera, educativa e incluso la de valores) el fútbol, paradójicamente, se encuentra en el máximo auge jamás reconocido. Ya no solo por el "simple" hecho que hemos tenido la suerte de coincidir con el mejor equipo en mucho tiempo -por no decir de todos los tiempos y así evitar un debate tonto- y con el mejor jugador que se recuerda y que, posiblemente, se recordará.

Leo Messi el día en meter 4 goles al Arsenal en los cuartos
de final de la Champions League 2009/10.
Pero en cambio, cuando nuestros nietos nos pregunten que cómo jugaba ese maravilloso equipo del que tanto se hablará, que cómo lo hacía ese pequeño argentino para irse de todos los rivales sin alejar el balón un metro de su pie, nosotros tendremos la obligación de explicarlo todo. Ellos nos envidiarán, y cuando ya no quede ningún partido por explicar, ningún gol por describir y ninguna final que recordar, nos dirán "y la tele qué decía de todo esto?". Se hará el silencio. "Mira, a la televisión no le importaba lo que hiciera ese virtuoso jugador. La televisión, como todo en aquella época, solo miraba en beneficio propio, e inventaba trapos sucios". "¿Cómo es eso?" Preguntarán sin entender exactamente de qué les hablamos. "Se trata que el día en que Messi superó los 300 goles como culé, en la tele hablaban de esto:"


¿Qué podemos hacer nosotros ahora? Olvidar todo el ruido externo y centrarnos en el fútbol, en la pelota, en Messi, ya no solo por nuestro bien, sino para que nuestros nietos también puedan disfrutar esta magia mientras les contamos todas las efemérides del hombre perro. 

martes, 12 de febrero de 2013

"Chempions is back"

"Chempions is back!" le dice excitado un ayudante del servicio de limpieza de Londres a su superior, mientras ambos contemplan la belleza excelsa del estadio de Wembley. Los dos fijan su mirada hacia el estadio y, por un momento, imaginan a sus respectivos equipos jugando ahí el 25 de mayo. Un día antes de que un servidor cumpla dieciocho años. Cosas de la vida.

Esa es la verdadera pasión de la Champions, la de la gente. 69 días después, vuelve la Champions al aficionado al fútbol a modo de medicina. Una medicina necesaria, recomendable, que media Europa está esperando. La Champions es, para mi, de las tres mejores competiciones de fútbol en el mundo, solo por detrás de una Eurocopa y un Mundial, que es la concentración máxima de estrellas, países y aficionados al balónpie.
El estadio de Wembley ya espera a los dos finalistas,
la copa espera a su capitán para ser levantada hasta el olímpo de los campeones.

Escribo esto a unas 5 horas de que empiecen el Celtic-Juve y el Valencia-PSG, dos partidos mayúsculos, que aún no me han dejado decantarme por uno u otro. Acabaré viendo el partido de Mestalla. Por Ibra. Por Lavezzi. Por Lucas Moura... Definitivamente lo veré por Lucas Moura, con una esperanza crónica a que entre Marco Verrati unos minutos -dando por hecho de que no saldrá de titular-.

Pero el partido más esperado para todos, con respeto a los otros 7 partidos, es el Real Madrid - Manchester United. Creo que no es necesario justificar por qué veré ese partido, aunque estaré con el rabillo del ojo izquierdo puesto en Doneskt, que hay un gran partido también. 

El United llega en el mejor momento de forma de toda la temporada. Con un Tom Cleverley crecidísimo, que apunta a titular con Carrick. El Real ha recuperado a casi todos sus hombres, la defensa -que ha sido la clara mancha de este equipo esta temporada- tendrá un aspecto más decente que los últimos partidos. El estado de Xabi Alonso será determinante, pero sobre todo el de la estrella. El del hombre que será señalado por todos durante todo el partido, Cristiano Ronaldo, que se vuelve a enfrontar al equipo que le hizo el hombre que es ahora. Él ama el United, pero ama, por encima de todas las cosas, a él mismo, y a su palmarés, que quiere añadirle una Champions antes de dejar Chamartín. Solo queda olvidar los estúpidos "debates" que hay en los programas de tertúlia futbolística, las polémicas, los árbitros, y centrarnos en lo más bonito: el balón. 

viernes, 4 de enero de 2013

Volver a casa con los deberes sin hacer

Esta semana se ha hecho oficial la vuelta de Alexandre Pato a Brasil, que sustituirá Milán por Sao Paulo. También se podría oficializar el pase de Robinho a Santos, quien también dejaría Milán por la ciudad brasileña. Ambos son dos nombres que siempre han despertado el interés del aficionado al fútbol, especialmente del sector más juvenil, por la alegría innata que desprenden al tocar el cuero.

Hay quien no se explica el regreso de estos dos futbolistas a su tierra natal, y es difícil de comprender. Robinho llegó a Madrid a la edad de 21 años, Florentino pagó 30 millones € por él y eso le acabó de convencer para cruzar el charco. Es curioso el concepto que tenemos aquí de cruzar el charco, futbolísticamente hablando. Este cruce se entiende como el viaje inevitable que debe hacer la estrella sudamericana apara triunfar en Europa. Este viaje es complicado, Neymar aún no lo ha hecho y no sabemos exactamente a qué espera. Pero supuestamente, cuando el típico joven jugador latino llega a una de las principales capitales europeas para demostrar en Champions lo que hacía en la Libertadores, lo hace para quedarse en Europa. Es decir, crecer en Sudamerica, explotar y consolidarse en Europa y acabar la carrera en su país natal, con unos kilos de más y con más fiesta que fútbol. Así se entiende el concepto de "cruzar el charco", pero Robinho y Pato no lo entienden así.

Pato y Robinho presentan dos vidas paralelas, unidos en Milán,
 ahora en Brasil ambos competirán por el Brasileirao.
Robinho ha cruzado el charco demasiadas veces ya, dejó Brasil para llegar a Madrid, estuvo un año en Manchester y regresó a Santos para ganarse la confianza de su gente y poder llegar al Mundial de Sudáfrica. Llegó, pero Brasil decepcionó y Robinho también. Acabó la temporada en el City y se marchó a Milán, esta vez por 18 millones €, su precio ya no tenía nada que ver con los 43 millones que pagó el Manchester City. En el Milan llegó a ganar un Scudetto pero poco más. Ahora se le ve con un pie y medio en Brasil, donde sueñan con verle al lado de Neymar en Santos. Con 28 años no sabemos si colgará ahí sus botas o quizá aún quiere demostrarnos algo más en la Champions League. 

La historia de Pato es más sencilla pero menos lógica. Alexandre iba por el camino de la idea que he dado de "cruzar el charco". Llamó la atención en Internacional de Porto Alegre al lograr un Mundial de Clubes de 2006, ese tan recordado por los culés y sobre todo por Ronaldinho -se quedó a las puertas de lograr el único gran título que le falta-, ya que los brasileños privaron al Barça de Rijkaard a poner la guinda en ese precioso pastel que había formado durante años. Pato fue titular en esa final en Yokohama y un año después ya estaba en Milan. Su carrera evolucionaba según lo previsto, le quedaba consolidarse en Europa con un grande como es el Milan. Pero no llegó a hacerlo. 
En el Bernabéu todavía recuerdan los dos goles de Pato que
dieron la victoria al Milan por 2-3 en la Champions del 2010.

Pato siempre estuvo sobrevalorado a causa de las grandes expectativas que prometía de inicio y no acabó de cumplir. Es el típico jugador reconocido entre los jóvenes por una calidad que el videojuego FIFA exageró. Recuerdo meter hat-tricks con el brasileño, la mayoría llegaban tras un sútil "R1 + O". Los que juegan al videojuego me han comprendido.
Ahora regresa a Brasil pero sin haber cumplido en el Milan lo que prometía. Es absurdo valorar a Pato como si su carrera estuviera llegando a su fin, tiene 23 años, los mismos que tenía su amigo Robinho cuando enamoraba en el Real Madrid, pese a que Fabio Capello no contara demasiado con él.