viernes, 29 de noviembre de 2013

Por qué Mkhitaryan debería ganar el Balón de Oro

Estamos convencidos de que a todos os gusta hablar del Balón de Oro, y es que su función no es otra que ésa: crear debates estúpidos para tener de qué hablar en el ascensor, en el bar o incluso con tu suegro, si a éste le gusta el fútbol, fundamental que se cumpla ésto último. Lo curioso es que nadie nos ha dicho si se priman los títulos a nivel de club, las cifras goleadoras personales o el número de veces que un jugador consigue levantar del asiento a un aficionado o hacerle olvidar lo efímera y desigual que es la vida. Seguramente si fuera ésa última Mkhitaryan estaría, como mínimo, entre los nominados.

Pero el Balón de Oro es una invención de la prensa. Básicamente porque el fútbol es de la gente. El fútbol existe por y para la gente. Y lo mejor de todo esto es que Miki -como ya se le conoce en las frías calles de Dortmund- juega para la gente, o mejor dicho, para su padre. 

Cuando apenas tenía siete años de edad, su padre -un prometedor delantero armenio de principios de los 90'- murió a causa de un tumor cerebral después de ser operado en repetidas e insignificantes ocasiones. Los afortunados que han podido ver a los dos Mkhitaryan destacan mayúsculamente el extremo parecido entre los dos en su forma de jugar, dejando a un lado el alto parecido físico.

Una divertida foto de la eliminatoria de Champions League
de la temporada pasada
Mkhitaryan Jr., como le llamamos a partir de ahora aquí, nació prácticamente en los aledaños del estadio oficial de la selección armenia, el Hrazdan Stadium de Yerevan, capital armenia, el cuál ha visto goles del padre y del hijo. Algunos más de éste último ya que se ha convertido en el máximo goleador histórico de la selección armenia de fútbol, con 12 dianas. Insuficiente para meter a Armenia en Brasil 2014, pese a que Henrikh ya hable portugués, entre otras cuatro lenguas -armenio, inglés, ruso y francés, mientras está estudiando alemán poco a poco-.

La carrera de Heno -y no nos referimos a és temido sprint que deja defensores tirados en el césped cual universitarios campaneros despreocupados se tratara- ha sido siempre alucinante. Tampoco nos referimos a la carrera de empresariales, de la cual se acaba de graduar y ahora empezará a estudiar derecho. Tomen nota amigos. Sí, me incluyo

Con apenas 21 años ya se armó con el brazalete de capitán en el Metalurh Donetsk, y tras dos temporadas ahí, llegó el club grande de Donetsk -con el que hay una cierta rivalidad- con apenas 5 millones de € sobre la mesa para llevárselo. En una de las operaciones más inteligentes que se le recuerda al Shakhtar ya que lo vendería a Dortmund por 30. 

En el Donbass Arena Mkhitaryan ya hacía lo que quería. La primera temporada fue más difícil pero las dos restantes fueron de ensueño para el pequeño Miki. Mkhitaryan hacía feliz a la gente de Donestk, y él estaba convencido de que su padre le veía y estaba orgulloso de él. En el mismo Donbass, estadio del Shakhtar, nació una iniciativa divertida acerca de poner una canción típica del país del jugador que marca en la megafonía del estadio. Mkhitaryan marcó 29 goles la última temporada -no todos en casa, claro- . La canción seleccionada para él fue Sabre Dance del compositor de origen armenio Aram Khachaturia, la podéis escuchar aquí y, también desde aquí, no es difícil imaginarse a 50.000 personas enloquecidas con esta pegadiza melodía. 


La huella que dejó en Donetsk es ya imborrable. Como se antoja que será la que está dejando en Dortmund para la posteridad. Siendo el traspaso más caro de la historia borussen, ésta etiqueta no le pesa ni le carga, en Alemania practica el fútbol que más le gusta: verticalmente al contraataque. De hecho ésa es la idea de Klopp en la presente temporada y cuando vuelva Gündogan las jugadas de este tipo aumentarán peligrosamente para los rivales. 

Quizá nos hemos desplazando bastante del tema inicial. Quizá éste humilde escrito te ha quitado más tiempo del que creías. Pero seguro que ha sido un tiempo productivo, útil para recordar que el fútbol se debe a las personas. Algo que muchos han olvidado, excepto Mkhitaryan y el recuerdo de su padre.