lunes, 7 de julio de 2014

"Tener en casa a tu papá..."

A ningún adolescente le debe gustar vivir con sus padres –los míos ya me han interrumpido hasta tres veces mientras escribía esta primera línea- y es que acaban de regresar tras 5 días fuera y entre partidos de Mundial, cervezas y otras drogas se me han hecho como unas 5 horas más o menos.

Quizá para los propios padres resulta difícil de comprender por qué no les esperaba con los brazos abiertos pero es que así es la vida: mientras creces les echas de menos cuando te mandan de colonias para tener tiempo para ellos mismos. Luego eres tú el que quiere tiempo para tí y ellos ven que te has hecho mayor demasiado deprisa. Y luego, cuando ya eres viejo y les extrañas con la sabiduría y experiencia que da la edad, ellos ya no están ahí para que les des las gracias por todo.

Maradona dio la segunda estrella a la albiceleste y papá
deberá estampar la tercera próximamente.

Así es como me siento ahora, como los hinchas brasileños cansados de oír que tienen a papá en casa una y otra vez hasta que la afonía acabe con las gargantas argentinas o la FIFA prohiba dichos cánticos con la misma injusticia con la que tratan a Zúñiga. 

En este caso, papá está en casa transformado en un Leo Messi cada vez más parecido a Kempes o Maradona. Cada vez más cerca de la tercera estrella. Pero ahora el padre teme sentirse solo por la ausencia de su Ángel y sabe que eso solo significa que deberá volver a tomar la forma de D10S desatado y despiadado. Solo así, el país que vive el fútbol con más vehemencia podrá cantar una y otra vez “Brasil decime qué se siente al tener en casa a tú papá” o "a Messi van a ver la Copa que va a traer, Maradona es más grande que Pelé". 

Ahora debo dejarles. Mis padres me vuelven a llamar y debo ir a limpiar todo lo ensuciado estos días. No me esperen despiertos. 

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