| El Southampton atacaba y la lluvia no cesaba. |
Antes de llegar a Southampton, ciudad desde donde partió el Titanic, pasamos por una pequeña población pero coqueta donde subieron al bus media docena de aficionados de los Saints. Uno de ellos se sentó a mi lado sin darse cuenta, ya que no paró de comentar la jugada con sus amigos que se habían ido sentando en la parte trasera del vehículo. Superaban todos los cuarenta años y vestían ropa desgastada, sombreros de los que crees que solo se ven en las películas del oeste y ninguno se había afeitado recientemente ni parecía tener intención alguna de hacerlo.
El individuo que se sentó -por un motivo u otro- a mi lado, el que más tarde acabaría diciéndome que se hacía llamar Brian, hablaba con sus colegas de la situación del equipo y yo escuchaba con disimulo pero moviendo asertivamente la cabeza de arriba a bajo al estar de acuerdo en todo lo que salía por la boca de aquel tipo.
Bajamos del bus y ya llovía. No era la típica lluvia que maldices porque has hecho planes y te los va a fastidiar. Ni mucho menos. Era la lluvia que te decía: eh, que estamos en Inglaterra. Formaba parte del juego; lo aceptamos dócilmente. Ellos dos; Simon y Brian, me dijeron que fuera con ellos hacia el estadio. Evidentemente no fuimos directamente a St. Mary's. No porque quedara más de una hora para el partido, sino porque, como estábamos en Inglaterra, la hora antes de los partidos se pasa en el pub.
Antes de entrar al (primer) pub, mis nuevos amigos me presentaron a un par de colegas más que ya habrían llegado ahí unas horas antes. Uno vestía la camiseta del Southampton con la rosa que conmemora el 'Remembrance Day', en recuerdo a las víctimas de la Primera Guerra Mundial. Tan recordado como maldecido en Inglaterra. El tipo sostenía una cerveza en la mano y los dientes, los que le quedaban pese a no llegar a la trentena de fríos inviernos ingleses, se podían contar con las manos.
El pub parecía sacado de la mismísima película "Green Street Hooligans". Música punk de fondo, un televisor con fútbol, una mesa de billar rodeada por grandes muchachos ebrios que cantaban canciones típicas del equipo y cerveza, mucha cerveza. Al rato salimos a hacer un cigarro fuera del local. Lo que pasó entonces ya lo contaremos otro día, que ahí fuera ya luce con lozanía el sol y aunque no sea Inglaterra, hay que aprovecharlo.
El individuo que se sentó -por un motivo u otro- a mi lado, el que más tarde acabaría diciéndome que se hacía llamar Brian, hablaba con sus colegas de la situación del equipo y yo escuchaba con disimulo pero moviendo asertivamente la cabeza de arriba a bajo al estar de acuerdo en todo lo que salía por la boca de aquel tipo.
"Cuando se tiene mucho dinero se acostumbra a invertir mal, muy mal, en cosas que no necesitas realmente" Brian a 5 minutos de llegar a SouthamptonÉl se refería al Liverpool y en los 15 millones de euros invertidos por Lazar Markovic o los casi 7 por Lambert pero sobre todo, Brian se refería a los más de 25 millones de euros pagados por Balotelli. Brian defendía las inteligentes inversiones del Southampton por Tadic o Pellè, por ejemplo y reprochaba las decidiones tomadas por los dirigentes Reds. Más tarde, ya en el pub, me acabaría enterando de la rabia que sienten los hinchas del Southampton por el Liverpool. Ni siquiera ellos sabían el motivo. Y es que cuando vives en Inglaterra, te gusta el fútbol y vas al estadio cada quince días con tus amigos, te haces pocas preguntas. Será porque no las necesitas. Porque sientes que lo tienes todo aunque no dejes de quejarte por cosas insignificantes. Y lo sientes con razón, aunque ésta no acostumbre a estar de acuerdo con los sentimientos de uno.
Bajamos del bus y ya llovía. No era la típica lluvia que maldices porque has hecho planes y te los va a fastidiar. Ni mucho menos. Era la lluvia que te decía: eh, que estamos en Inglaterra. Formaba parte del juego; lo aceptamos dócilmente. Ellos dos; Simon y Brian, me dijeron que fuera con ellos hacia el estadio. Evidentemente no fuimos directamente a St. Mary's. No porque quedara más de una hora para el partido, sino porque, como estábamos en Inglaterra, la hora antes de los partidos se pasa en el pub.
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| No puedo recordar si éste fue uno de los pubs donde estuvimos, sólo sé que da el pego de maravilla. |
El pub parecía sacado de la mismísima película "Green Street Hooligans". Música punk de fondo, un televisor con fútbol, una mesa de billar rodeada por grandes muchachos ebrios que cantaban canciones típicas del equipo y cerveza, mucha cerveza. Al rato salimos a hacer un cigarro fuera del local. Lo que pasó entonces ya lo contaremos otro día, que ahí fuera ya luce con lozanía el sol y aunque no sea Inglaterra, hay que aprovecharlo.

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