Ahí comprendes las vueltas que da la vida en cuestión de segundos, y lo ves todo negro. Negro para comer, incluso para escribir. Las cosas dejan de tener sentido porque el sentido a las cosas se lo daba ella. El chico, que antes creía que había acertado con su decisión, ahora se pregunta, como si de un soliloquio se tratara, -porque no tiene a nadie más que su propia soledad- cómo fuí tan esúpido.
Os avisé que esta historia lo tenía todo. Lo que no os dije es que el protagonista de esta historia, también soy yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario