Puedo ver una filera de once galos esperanzados
con el pecho para fuera y la cabeza bien alzada. Se sienten orgullosos de
vestir la camiseta azulada, de representar a todo un territorio histórico. Se oye de fondo La Marseillaise y en el estadio algunos aficionados
ondean banderitas con los colores blanco, azul y rojo al unísono. La
realización intenta captar detalles interesantes y una de las cámaras se ha quedado
embobada con “el de la cresta”. Paul está pisando por primera vez un
césped que va decidir una Copa del Mundo. Y eso significa que la puede decidir
él.
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| El de la cresta monopolizará la atención de todos los focos |
El 6 francés, potencialmente voraz, juega en el centro acompañado por
Matuidi y Cabaye. Es realmente difícil encontrar una medular del campo superior
a ésta. Seguramente no exista un centro del campo con una capacidad de dominio físico comparable a la francesa. Los tres forman un triángulo que domestica al
rival con un juego rápido. Cuando el balón rueda veloz, el triángulo y sus
tres vértices funcionan. Y su enemigo lo sufre.
A parte del triángulo del medio, hay que tener en cuenta que la selección consta con el que está destinado a ser el mejor central de los próximos años y ganas le van a sobrar para exhibirse ante los mejores atacantes del globo. Y una delantera que, si se encuentra en el contexto factible y quiere,
puede destrozar las defensas rivales con ramalazos de calidad y eficacia de los
Karim, Frank o el rockie Antoine.

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