lunes, 7 de abril de 2014

El nuevo Barça del petróleo, de Bojan y de pijos


Un espriral voraginoso que parece no tener fin está sacudiendo semana tras semana la imagen del Fútbol Club Barcelona. Lo peor es que en el epicentro de este terremoto podemos ver disimuladamente por una mirilla a los dirigentes de la actual junta del club, todos trajeados con sus vestiditos a medida, firmando contratos ilegales mientras ensucian el que dicen ser su equipo. Dicen ser del Barça pero solo el tiempo dirá si su color favorito es el azulgrana o el verde del dólar.

Arrancaron de un día para otro una remodelación con un coste, según dicen ellos, de 600 millones de euros. Sin tiempo para que te informaras de lo que estaban tramando y antes de que saliera a la luz un nuevo escándalo, lanzaron el referéndum para decidir el futuro del estadio. El futuro del club. El futuro de los socios.

Unos socios que volvieron a demostrar no ser una de las aficiones más inteligentes del planeta, ni siquiera de la área metropolitana de Barcelona, al votar que sí a dicho referéndum. Este día, que algunos medios culés (SPORT o Mundo Deportivo) habían catalogado de “fiesta de la democracia”, será recordado en unos años y con perspectiva, como “el día en que el Barça dejó de ser, un poco más, de la gente del Barça”.

Sustituyen asientos de aficionados por plazas VIP. El Camp Nou es de los estadios TOP que menos dinero ingresa con estos “sitios privilegiados”, donde se dejará de sentar un aficionado de toda la vida del club para que ponga su fino culo un imbécil forrado de Pedralbes que se pasa el partido entero con el móvil. Subiendo fotos a su Facebook, Twitter, Instagram y otras mierdas del palo: “eh, no tengo ni idea de contra quién juga el Barça pero, eh, que tengo el trasero calentito gracias a la calefacción que tiene mi asiento y, eh, al descanso iré a tomar algo en el catering e igual ya me quedo ahí la segunda parte”.

No les tembló el pulso en votar a Rosell y Bartomeu

Suficiente silencio hay ya en el estadio en los partidos de liga como para que llenen un sector de pijos que jamás entenderán lo que hay en juego en ese césped. Jamás soltarán una lagrima cuando el equipo pierda en las grandes ocasiones ni sentirán que les falta el aliento cuando Messi decida por enésima vez levanatar a 100.000 personas de sus asientos.

Deportivamente el conjunto ha ido demostrando que esta mierda perfumada que es a día de hoy la directiva del Barça no debe influir en ellos.

Ahora el equipo no puede fichar, solo puede recuperar los dos jóvenes que están de Erasmus en Liverpool y en Vigo para tratar de aportar algo nuevo a la plantilla la temporada que viene. Aunque estos aprendices estimulan mucho la previsión que hacemos todos del año próximo, lo que el equipo más necesita son piezas en la defensa. Y estas piezas no existen ahora mismo.

De hecho, cuando salió a la luz la prohibición de la FIFA (la cual la directiva ya conocía hace más de un año y nadie dijo ni hizo nada) la desesperación fue tal que se llegó a decir que el Barça debería repescar a Bojan. ¡A Bojan?

Soñar con reunir los mejores futbolistas del mundo y que te acaben trayendo a Bojan debe ser como pedir una Voll Damm con un Marlboro en una terraza soleada un viernes por la tarde y que te traigan una Steinburg del mercadona caliente con un paquete de tabaco Elixir, sin papel y sin filtros una puta mañana de lunes nublada.

Los seguidores del club nos encontramos ahora buceando en un oceáno de incertidumbre, mentiras y miedo a que algún día estos fabulosos jugadores se cansen de todo esto y se vayan para siempre. Quizá Iniesta vuelva a Albacete para devolverlo a Primera División, quizá Busquets acabe pasando las tardes en un banco de un parque abandonado en su Badía del Vallès natal. Quizá Messi acabe volviendo a Argentina y se distraiga bebiendo mate y viendo vídeos suyos en canales cutres de Youtube de “cuando era lindo patear un balón para olvidar la oligárquica sociedad a la que estamos impuestos desde que nacemos”.

Ojalá esto nunca ocurra. Ojalá estos tres genios se retiren en la que siempre fue su casa. Una casa que han privatizado –como todo en estos tiempos- unos hombres que visten corbata y turbante para hacer de este equipo més que un (puti)club

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