Ya había caído la noche en las islas.
En la playa ya no quedaban individuos tomando el sol o jugando a la
palas, solo adolescentes ebrios gritándole al cielo que esa noche no
existía el mañana. Yo acababa de coger el bus que me llevaría a mi
residencia, unos cuarenta minutos de trayecto -variables según el
tráfico o los puntuales accidentes de la ciudad-. Siempre había
tenido problemas de orientación y más aún en sitios donde soy un
recién llegado. Si a esto le sumamos el hecho de que a partir de
cierto punto todas las casas son exactamente iguales y el deficiente
alumbrado también se encargaría de ponérmelo más difícil
siquiera... Resumiendo: me perdí.
| Yellow bus en Bournemouth. |
Llegamos la última parada y no fue
complicado deducir que esa no era la mía. Me asusté. Fui
rápidamente a hablar con el conductor para solucionarlo. Sobre actué
un poco, para que nos vamos a engañar. El hombre me dijo que me
llevaría de vuelta a mi parada y mientras me devolvía a mi
habitáculo empezó la conversación.
- ¿De dónde eres, chico?
- De Barcelona.
- ¿Eres del F.C Barcelona entonces?
- Por supuesto. -respondí con una media sonrisa de complicidad-. ¿Y tú,de qué equipo eres?
- Del Liverpool. -me dijo orgulloso. Siguió: -Habéis fichado nuestro mejor jugador, eh.
- Así es, tenemos muchas ganas de verle jugar ya, la verdad.
- Lo vais a disfrutar mucho. Créeme, mucho. -hablaba con mucha seguridad, con el convencimiento de que no te puedes equivocar pase lo que pase-.
- Eso espero, pero está bastante loco. No sé cómo le van a tratar en el Camp Nou cuando las cosas se tuerzan un poco.
- Bah, tonterías. Él no está loco. Él es listo. Muy listo. -mientras trataba de explicármelo se señalaba la cabeza manteniendo el volante con una sola mano. Por unos minutos llegué a olvidar que me había perdido. Siguió con su explicación: -Es cierto que ha mordido hasta tres veces en tres situaciones distintas, en Inglaterra se ha hablado muchísimo sobre ello pero él siempre lo ha hecho con una intención: cambiar de equipo, cobrar más.(pause)
Yo no daba crédito pero escuchaba atónito el discurso de mi nuevo amigo. Mi salvador, en este caso. - En el Ajax, cuando mordió a Otman Bakkal del PSV lo hizo porque quería irse a un club más grande y ganar más dinero. (Los jugadores corrientes cuando quieren cambiar de club hablan con sus dirigentes o con su propio agente. Suárez no, según el bus driver Luis Suárez es demasiado “listo” como para hacer eso. Le cayeron siete partidos) Y lo consiguió porque le fichó el Liverpool. En su tercera temporada en Anfield él quería dar un paso más en su carrera y -tal y como han dicho varios medios ingleses- ya en 2013 el Barça se interesó seriamente por él. Por eso mordió a Ivanovic en ese Liverpool – Chelsea. Ese verano no se movió, pero logró que le subieran la cláusula y cobrar más. Y ante Italia lo repitió. Mordió a Chiellini porque en Liverpool le habían advertido que si volvía a hacerlo no tendrían más remedio que venderle.
Sé que la opinión de un conductor de
bus de la línea 4A de Bournemouth no es que digamos necesariamente
fiable pero créanme que si hubieras estado ahí, si hubieras visto
cómo lo explicaba todo, le creeríais.
Después de esto empezamos a hablar del
fútbol en Inglaterra. Le dije que para mi la Premier League
es la liga más excitante porque es donde más equipos pueden ganar
el título (un argumento muy Mourinho, sí). Él finalizó el
trayecto explicándome las rivalidades entre Liverpool y
Everton o Liverpool y Manchester United. Le
costó mucho decirme a cuál de los dos odian más los supporters
reds pero se decantó por el Man U por la tradición histórica.
Porque siempre han sido los dos grandes y siempre se han llevado a
matar. Literalmente. Cuando el hombre era joven acompañaba siempre
al Liverpool y me contó un par o tres de “batallitas” sobre
pelas contra hooligans del Manchester United y los dos últimos
minutos se los pasó diciéndome que eran asquerosos, unos mierdas,
unos débiles. Concluyó diciendo, “ah, si esto lo digo en
Manchester me matan”. Y dibujó una sonrisa de niño bueno
mientras la puerta del bus se abría.
Antes de bajarme le di las gracias
incontables veces. Quizá más por todo lo que me había explicado
que no por el hecho de que no me dejó tirado a más de treinta
minutos de casa andando. Sacó su cartera y besó una especie de pin
que tenía con el lema “You'll Never Walk Alone”.
Le deseé suerte. En la vida. En la
carretera. Pero, sobre todo, en el campo.
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