martes, 11 de febrero de 2014

El día en que aprendimos a pronunciar Makhachkala


Era una tarde fría de marzo y nos encontrábamos en frente de la misma Puerta de Brandenburgo. Acabábamos de recibir una visita guiada por la zona con explicaciones muy amenas de una catalana que había llegado a la capital germana a estudiar su historia hacía ya unos años y no pretendía moverse –o esa fue la sensación que dejó- de un lugar en el que se respira historia en sus calles y paredes pintadas.

En la Pariser Platz, la plaza donde se encuentra la famosa puerta, cientos de turistas se hacían fotos y compraban souvenirs del monumento. Entre la muchedumbre había un hombre físicamente imponente que se hacían fotografías con la gente vestido con el clásico equipaje de militar americano, recreando un soldado estadunidense durante la época del Muro.

La Pariser Platz. Charlie podría aparecer en ésta imagen. O no.

Ese hombretón nos llamó a mis amigos y a mí, de hecho llamó al que vestía un abrigo del FC Barcelona diciendo cosas como “Barça, Barça” “Messi!” “Xavi!” “Iniesta! Oh Iniesta!mientras sonreía y hacía gestos con la mano. Nos hizo gracia el muchacho y fuimos a hablar con él y a poner a prueba el inglés. Rápidamente nos dimos cuenta que lucía una chapita con su nombre donde se podía leer “Charlie”. Quizá ese no era su nombre real pero siempre le recordaremos así.

El tipo era ruso pero esa información no nos bastaba. Nos contó que había nacido en Makhachkala un par de décadas –intuí- atrás. Era un gran seguidor del Anzhi y estaba motivadísimo, no era para menos ya que su equipo era el primero en la Liga Rusa en ese momento de la competición durante el largo y habitual  parón en invierno por las gélidas temperaturas que se registran.

Además, el club ruso acababa de firmar por la enorme cifra de 35M€ a Willian del Shakhtar Donetsk unos meses antes pero una lesión el día de su debut lo tuvo apartado unos meses de los terrenos de juego. Recuerdo escucharle insultar repetidas veces a Roman Abramovic, ya que ese ruso había decidido invertir sus millones en el extranjero y eso no lo podía comprender nuestro nuevo amigo.

Me resultaron muy interesantes muchas cosas que contaba pero decidimos que nos enseñara a pronunciar debidamente el nombre de su ciudad natal ya que la había oído de mil formas distintas y si alguna sería la verdadera esa era la de un nativo.

Esa era la situación mientras el sol ya se había puesto y las nubes tomaban el control de la atmosfera en la capital: un ruso enseñando a pronunciar el nombre de su ciudad a unos catalanes en la Brandenburger Tor. Charlie, él siempre tan astuto, dividió la palabra en tres partes para hacerlo más fácil. Le recuerdo como remarcaba la pronunciación. Decía: “MAJH-AK-ALA” Lo que mejor recuerdo es que me costó un buen rato pero finalmente alcancé ese hito que suponía formar parte del selecto grupo de personas que saben pronunciar el nombre de la rusa ciudad portuaria.

Nos despedimos de Charlie pero siempre quedó en nuestra memoria. Siempre que veía jugar al Anzhi pensaba en él. Ahora hace un año de esa productiva y revitalizante experiencia en una de las mejores ciudades que he pisado. No sabemos dónde se encuentra ahora Charlie. Quizá ya está en Makhachkala maldiciendo el fracaso del proyecto de su equipo. O quizá está en alguna otra plaza de otra gran ciudad a la que, tarde o temprano, volveremos a visitar todos los ahí presentes. 

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